martes, 27 de enero de 2015
Por el final
A algunas noches las tuve que llamar heridas y lamernos con palabras no nos era suficiente. Al final no hubo más que un final; valga la redundancia. Fue de los más corrientes, de los que ya han sido escritos por algún idiota, de los de “estaré aquí cuando lo necesites”, “ésta es tu casa y no voy a cambiar”; de los de “puedes llamarme siempre que quieras”, de los que implícitamente llevan un “no te quiero pensar”. Al principio te juro que me dolía hasta la planta de los pies de pisar cristales, de romper botellas, de emborracharme -siempre he sido de empezar a contar las cosas por el final-. Llegué incluso a no reconocerme en algún baño, a llamar a los desconocidos por tu nombre y a llorar tu sustantivo en cualquier verso. Me mordí las ganas un par de veces, aferrada al volante, de mudarme a donde no me preguntasen por ti, a tratar de poner tierra de por medio, a volcarme y vaciarte por el suelo. En ese momento sí que me hubiese venido bien el Poniente. Tardé varias madrugadas en dormir y fumé más de la cuenta por volver a hacerlo del tirón. Tú, de verme así, hubieses dicho que las cosas no estaban tan mal y, casi seguro, yo habría abierto otra botella de vino para celebrar la derrota de ambos, con la que quedarnos a beber otro rato. Un final no es más que un principio triste, mal contado por quien se queda sentado en la butaca hasta los créditos, como esperando un aplauso que no llega. El mejor final son la últimas notas de la peor versión de tu canción favorita.
martes, 2 de diciembre de 2014
Declaración de desamor.
Hablando de finales, me despido.
Parece que hasta que no lo dejo escrito,
no termino de creerme,
y así con todo lo que te he hecho:
Te he querido y no es nuevo,
pero cómo vas a echarlo de menos
después de esto.
He soportado tus últimas doscientas veintitrés faltas de
tacto,
que no te hablo de tocar donde otras quieren.
He pasado frío durmiendo contigo
y te he cedido el calor que te hacía falta.
-eso sí que no tienes ni idea de lo que es-
He resumido tus negativas con que era yo el problema,
he hecho las maletas en tu contra,
me he arrancado por mareas en tus ojos
y te he sacado varias veces la sonrisa.
Te he cogido de la mano y me has partido,
has tirado por el
suelo mis esquemas,
me has mimado como si fuese una niña,
te has bebido algún domingo mis problemas.
Me he querido siendo más si era contigo,
te he leído como si fueses novela,
me has llamado cuando te he necesitado
y he contado con los dedos las esperas.
Hemos ido de paseo por la playa,
Te inventaste mil palabras en mi nombre
me acostaste cuando te lo pidió el vino,
y jamás te comparé con otros hombres.
Yo te daba algo de suerte en las partidas,
me contabas cómo sería mañana,
aliviabas mi necesidad de sexo
y ahora sabes que no duermo con pijama.
Me he perdido de tus dudas para abajo,
te he besado de rodillas para arriba,
he desecho las dos camas de tu cuarto
y he besado con soltura tus manías.
Te has burlado de mi falta de memoria,
he corrido por los dos sin llevar prisa,
le he hablado de mis vicios a tus piernas
y has saciado tú la sed entre las mías.
Te diría que no es cierto lo que siento,
que sentí sentirte dentro cuando no eras,
tú sabías con cerveza lo que había,
yo buscaba que al final te dieses cuenta.
Me cogiste por la borda el primer día,
de lunar en adelante es lo que queda,
te he querido como dudo que te duelan,
ahora tengo que apartarte de las vías.
Y que sí, que dos no se olvidan si uno no quiere,
pero que el tamaño importa si a uno le duele.
Aún no sé cómo voy a perdonármelo.
martes, 25 de noviembre de 2014
Mujeres, con g.
Hay quienes no saben si invierno, o llorar.
Hablo de ella con la certeza de
que volveremos a estar juntos. No es arrogancia, es salir a apostar. Porque podríamos
cruzarnos de improvisto y, casi seguro, se haría la sorprendida, como si no
supiese de sobra que llevo un rato mirándola. Podríamos planearlo, pero
entonces, se haría aún más dura la espera; y la espera es la parte más puta de la
esperanza. Podríamos hacernos entrar en razón sólo usando la boca y me bebería
sus besos. Podría ahora explicaros lo bien que lo hace, pero no quiero. Joder,
podría dejar de aparecerse su imagen en todos los bares, o tal vez yo debería
abandonar mi intento de acurrucarme en cualquiera que pretenda parecerse a ella
después del quinto ron. Cómo odio compararla tras seis copas. También podría
deciros que en este punto me falta una y me tiemblan las piernas para tomar el
próximo desvío. Debería apagar el ordenador, dejar esto a medias y correr por y
para ella. Y también con ella. Porque todo, al fin y al cabo, desemboca en el túnel
que une sus piernas. Que hablo de ella como la mujer más océana, más triángula,
más imántica (a ella le gusta cuando me pongo así de idiota). Es tibia y
frágil, dócil y fiera. A veces me da vergüenza decírselo, pero quién coño no
iba a querer volver a verla y desgastarse la vida haciéndolo lento. No sé si me
explico, habría que dejarse la vida en Granada.
domingo, 16 de noviembre de 2014
Por eso y por muchas más cosas
Al sol duele menos
cualquier mañana de
noviembre.
a la altura de las circunstancias
cuando le apriete el cansancio
y yo aún no quiera irme a dormir.
Que me resulta difícil imaginarle
vacío de tanto sexo
cuando sólo son las seis.
Que a lo mejor no sabrá
qué cara poner cuando me abrace
a su entrepierna por debajo de la mesa
y debamos mantener la compostura
ante el resto.
Que quizás tiemble
ante una mezcla de escorpiones
y cometas al hacer la maleta
para dejarnos
en cualquier estación.
Que tal vez no va a saber qué contestar
cuando le diga que qué le parece
esto que escribo, o en el peor de los casos,
que lo mismo no me entiende
cuando me eche a llorar tras un poema.
Que a lo mejor es de los que mantiene
la mirada fija, retirada del escenario,
porque lucha por contener las lágrimas
cuando sabe que estoy hablando de él.
Que quizás tampoco conoce Lisboa,
o probablemente no le guste la comida tailandesa,
o no sepa bailar salsa.
Que lo mismo le da a él más miedo que a mí
la falta de equilibrio, lo de mis tobillos
y andar cogidos de la mano.
Que tal vez preferiría a alguien
que no cayese en domingo,
pero es que yo ya no tengo remedio.
Que a lo mejor no conoce de memoria
el camino de vuelta a un abrazo,
o uno de Salinas, o el mapa de la vida;
pero besa mis delirios,
se acurruca junto a mí cuando hace frío,
me borra los esquemas
y se queda a verme bailar
hasta que se corre el telón.
Por eso y por muchas más cosas.
lunes, 29 de septiembre de 2014
Tú, tú, ¿quién soy?
Hay vidas que se me cruzan
y besos que se atragantan
en cualquier lugar
del mundo.
Me conozco tanto
que a veces me olvido.
Otras, no me
reconozco,
y esas,
esas son las mejores.
Porque tú sonríes
con la misma boca
que me
trae
a lo que soy.
Y yo entro en el juego,
y me busco.
Bajo la vista
y me devuelves
tus ojos de
boca,
es decir,
llenos de sexo.
Que me alientan
como si fuesen boca.
Que me saben
como
si fuesen,
boca.
Que me sirven de espejo,
como el fondo
de tu boca
donde tú me buscas
a mí.
Y me traes contigo.
Y así,
te abres camino
a las heridas del pecho
(que son las más difíciles)
por el camino más
fácil.
Pero todavía,
algunas veces,
no me reconozco
y te sujeto fuerte
para no caerme,
o al revés.
Y me devuelves la caída,
aunque ambos estamos
ya en el suelo.
Y me
sujetas para caernos
y que nos duela el placer.
Porque me miras
con esos ojos de
boca que
coge aire,
con esa lengua de mar,
con esos dientes de prisa.
Me muerdes
como
si fueses boca,
como me besas,
como me bebes.
Cómo me tocas
(exclamación a esto último).
Me sabes
a lo que
sabe tu boca
después de enseñarme
lo que soy.
Por el lujo
de encontrarme
y mostrármelo.
Y
sonríes,
como cuando se me olvido.
Como sé mi olvido
y recuérdame qué somos.
Que somos.
Y entiende que por eso,
porque me conozco demasiado,
a veces tengo que olvidarme.
Anda, vente y recuérdame quién soy.
sábado, 20 de septiembre de 2014
Octubre se va a traer sin instrucciones para llevarte
Anda, tráete ya,
que te voy a soltar
un par de rosas
(rojas, claro).
No te lo tomes a mar
si esperas que no escueza
cuando te
hablen de mí.
En defensa propia
me estoy dejando querer,
que ya es bastante.
No
esperes que te desespere
no ahora,
después de abrirme
la salida de emergencia
que da a los restos (coge aire)
de tu vida.
Que me voy
por la puerta grande,
alejándome
de los
estúpidos cánones de belleza
que rigen tu teoría (coge aire por los dos)
del derrumbamiento.
Esto no es un
adiós,
es sólo hasta que el olvido se olvide.
De recordarnos.
Que por qué nosotros
y no el
resto.
Que no es justo utilizar
el mismo verbo para huir
que para pedirle a
alguien
que se quede.
Te dejo de nostalgias,
de historias,
e incluso, de llamarte,
lo prometo.
Me dejo de cuentos,
de heridas,
de poemas a tu manera de hacerlo
todo
con más amor del que te crees que lo hacías.
Que te vayas,
que te vayas
bien,
cerrando mi espalda a tu paso
con un nudo que sólo tú
sabrías volver a
deshacer,
y que lo olvides (por pavor).
Que me vaya,
que me vaya bien
a tu paso por
cualquier otra (aguanta, que sigo)
maldita espalda
que me recuerde
que una vez fuimos,
sin querer,
todo lo que al mundo
le sigue dando miedo ser.
(Aunque a ti tambíén te diese, valiente).
sábado, 16 de agosto de 2014
Te espaldo.
Te echo de menos
con las dos manos.
Pero también te espaldo,
también,
te ombligo.
Hoy me han preguntado
que si no me sentía desnuda.
Supongo
que se referían a ti.
Torpemente, he asentido con los ojos
del que no puede
mirar más allá
que a una pared empapelada de recuerdos.
He vuelto a fingir
por
complacer a los que dicen
que siempre estoy sonriendo.
(y tú también lo creías)
A veces me siento demasiado estúpida
tratando de levantar a quienes creen estar pisando cristales,
sin darse cuenta
de que los llevan todos
en sus propias manos.
Ellos sí que no saben lo que es
perderte
por tercera vez en una vida.
Y ni mucho menos se imaginan
lo que es
encontrarse con tus cosas
en mitad del camino.
Me limité al silencio
por no dar
explicaciones de la nostalgia
a los que creen tener respuesta para todo.
Hace
un par de lágrimas
que empecé a deshacer la maleta,
de vaciarme,
de ti,
por
dentro.
Hace un par de cosas que recuerdo que,
hasta rompiéndome tú,
te saqué a
bailar mientras cantaba
aquella canción para quitarte el miedo.
“Bailemos,
porque no hacen falta palabras de más.
Bailemos,
lejos de la gente quisiera volar.
Prefiero que dure un segundo mi noche a tu
lado
a tener que vivir en un mundo prestado,
sin tardes, sin luna y tan lejos
de ti.”
Coti.
sábado, 26 de julio de 2014
Calor (joder, Robe, joder)
Nico cuando era otoño.
Fuera hace calor. No sabría decir cuánto concretamente, pero
demasiado para ser una madrugada. Nunca se me ha dado bien realizar ese tipo de
cálculos, atisbar distancias a simple vista o adivinar que te has afeitado
tanto que cualquiera debería darse cuenta. Me vas conociendo. Estoy desnuda, anoche ni siquiera me molesté
en buscar mi ropa interior. Tú duermes a mi lado. Ocupo la mitad
izquierda de tu cama y aún quieres cederme la porción que te cabe en un abrazo.
Hace un rato que te escucho respirar mientras tu brazo recorre mi falta de
sueño. Estás arropado hasta la cintura y esbozas una media sonrisa que me
reconforta todas estas horas sin dormir. Me deshago con suavidad de tus manos y
busco el tacto del suelo con los pies. Camino lento hacia el baño y dejo correr
el agua de la ducha. Tengo especial cariño a ese espacio tan pequeño por lo que tú ya sabes. Me seco sin esforzarme demasiado y recorro el pasillo de
vuelta para encontrarte ahí. Todavía algo mojada me hago hueco en el ventrículo
izquierdo de tu cama. Te beso la frente. Tú susurras algo y tiras de mí hacia
el sueño. Mañana me contarás que aprendiste a volar, que conociste a un
escarabajo o que llegaste a nado a la nada.
Fuera hace calor.
No
sabría decir cuántas madrugadas podría pasarme así,
cuidándoteme los sueños que
me contarás mañana.
martes, 15 de julio de 2014
Lo que da de no un sí.
Bruselas, Marzo 2014.
Ya no le busco el horizonte como al resto. Me gusta así. Está justo a mi lado. De vez en cuando me pasa la mano por el pelo, o busca las mías apoyándose en el volante, como si también quisiese conducir. Le gusta hacerlo, me lo ha dicho varias veces. La miro de reojo. Sigue absorta en el paisaje y a mí la carretera se me hace demasiado larga si no canta alguna canción desconocida. Quizás jamás las vuelva a escuchar si no son de su boca. A veces se gira para besarme con cara de olvido. Luego vuelve en sí y me sonríe por algo que aún no sé que tengo. No quiero romper el silencio, ella suele pensar ahí en sus cosas y quizás, alguna vez, me piense a mí. No quiero romper el silencio porque quizás, alguna vez, me rompa a mí. Me gusta así.
A veces alguien tiene que decirse lo que no le dicen.
lunes, 7 de julio de 2014
No me llames héroe si vuelvo roto.
Una nota a pie de página con la letra
que me tiemblas en las manos.
Pero de corazón.
Marcos (5 años)
Febrero, 2014
Perdóname, Daniela. Anoche se me fue la fuerza por tu boca
mientras soltabas amarras directas a mi cuello. Palabras llenas de dudas, ahogando a un corazón que empezaba a hacer pie en mitad de esta lluvia.
Perdóname ahora si te digo que he vuelto a la posición inicial, al punto de
partida contigo, donde no cabe la posibilidad de tenerte desnuda sobre mí,
donde no puedo quedarme a vivir subsistiendo del beber que dan tus piernas.
Perdóname cuando digo que he retrocedido a la línea de salida, que no es más
que la meta vista desde tus ojos, en la que esperar a que te corras es pasar
las próximas tres noches en vela creyendo que soy peor que todos tus anteriores. Perdóname si
alguna vez has creído que tengo menos vértigo que tú a este precipicio, pero es
que hoy, mientras tratabas de cogerme la mano para evitar mi caída, te he visto reír a doscientos
miedos de altura, justo donde empieza el vacío. Perdóname, Daniela, es que desde que te conozco he querido
celebrarte como un niño, con los ojos cerrados y soplándote fuerte en la nunca,
en las siempres, para que pensases en mí de esta manera, como yo lo hago. Como
un niño, Daniela, como despertarse el día de tu cumpleaños todo el mes de
julio.
Ojalá no lo entiendas para tener que perdonarme.
Que lo peor no es caer, es tirarse.
Pero, por favor, no me llaméis héroe si vuelvo roto.
jueves, 12 de junio de 2014
Carnívoro, misántropo y luna llena.
"Sin palabras,
para no herir."
Creía que estaba sola
cuando entornando la vista
me pareció ver su rostro.
Aquellos enormes ojos color tierra
tiraban de mí hacia el abismo
sin escatimar en brazos.
Noté sus manos,
rodeándome la cintura
y su aliento en mi
nuca susurraba
palabras extintas de
lenguas muertas de risa.
Por mi espalda,
órbitas de planetas extraños
giraban a una
velocidad
digna del buen vértigo.
Besos con resquicios de frío,
a fuego dejaban
estelas centelleantes,
desde su boca
a mis pechos,
donde aterrizaban sus naves
cubiertas de saliva.
Carnívoro,
misántropo
y luna llena.
Fábricas de dedos,
descontrolados,
se multiplicaban por
mil,
por debajo, por supuesto.
Cada poro de mi piel
abría la boca como un bebé hambriento,
saciando la sed de
sus labios
en lo inferior de los
míos.
Se relamía la manera
de verme temblar así.
Mi espalda, arqueada,
hacía de su cuerpo una flecha a punto
de disparar en
sentido inverso,
con el filo de la lengua hacia mí,
hacia dentro,
hacía rato.
Mis puños, mis
muslos, mis párpados
apretaban con fuerza
el gatillo de querer sentir aquel cuerpo fugaz,
deseable, deseado,
a punto de hacerme
estallar,
con juegos artificiales
a ras y dentro de la piel.
Confeti, luces de colores
y serpentinas llenaron el suelo.
Entonces,
me cegó ver
su rostro,
sus ojos color tierra, sus brazos,
sus manos, su
aliento,
el vértigo, el frío, la saliva,
la carne, la boca seca,
la piel y la flecha,
todos,
inertes en mi imaginación,
mientras mis manos reían,
sombrándose a la idea de ser luz,
de saber que he sido,
ésta vez,
otra vez,
otra vez,
yo, sola, conmigo.
-
Y otras magias.
martes, 3 de junio de 2014
Morirse de miedo
Imagínate que nadie te reprocha
toda esa tristeza durante
un par de días.
Imagina que se limitan
a hacerte ver
lo opuesto.
Aquella chica triste
tenía la cara salpicada de pecas. Yo le habría contado un cuento por cada
una de ellas. Me hacía gracia cuando el sol le daba de frente y arrugaba la
nariz para poder seguir mirándome a los ojos. Se llamaba Lucía, o Sara, o
Sofía. Yo nunca llegué a llamarla por su nombre, pero la quise como no he
vuelto a quererme a mí mismo. Decía que si manteníamos el
secreto sería todo mucho más fácil. No llegué a entenderlo, sobre
todo cuando se ponía sobre mis muslos a contarme sus desastres, o cuando se
reía en el coche mordiéndose el labio, o en las tardes en que practicábamos qué
hacer si al día siguiente se fuese a acabar el mundo. Ella quería morir me
miedo, de amor, de amar. Lloraba con la mayoría de las películas, cantaba casi
siempre, bebía sola, y conmigo. Y ahí éramos iguales.
Anoche, hace dos días, o hace tres vidas se fue Lucía, o Sara, o Sofía, para llevarse el mundo, para acabar con todo sin darme tiempo a arrancar el coche aquella tarde; muriéndose de miedo, de amor, de amar.
Anoche, hace dos días, o hace tres vidas se fue Lucía, o Sara, o Sofía, para llevarse el mundo, para acabar con todo sin darme tiempo a arrancar el coche aquella tarde; muriéndose de miedo, de amor, de amar.
domingo, 25 de mayo de 2014
Lo breve del idiota
Lo llamaremos cobardía
por ser domingo.
Podría textar versalmente toda esta rabia y no terminaría en
poema:
Tratamos de justificar todo,
disimulándonos ante ojos que espejean
e interrogan lo que somos,
menospreciando nuestra propia condición de poetas.
miércoles, 14 de mayo de 2014
El mar que nos tenemos.
El vino era por si venías,
que no te confundieses.
(Cualquier domingo)
Si no eres capaz de imaginarte un mar en los tejados,
aquí estás perdido.
Las apariencias engañan,
que te aparezcas, también,
y hoy me ha parecido verte sonreír,
disimulando, torpe, en el escaparate
mientras creía verme por dentro.
Embobada con la imagen,
como una niña frente al puesto de helados,
me he quedado relamiéndome las ruinas,
que no es lo mismo que saborear los destrozos
y encontrarme lo que queda de mí sin ti,
y tú tan entero.
Tengo los dedos mojados y en las yemas
he sentido el retumbar de los tambores
que guardabas en el pecho.
Tú ya me entiendes.
Y ahí, en plena sinrazón,
me he dicho que las apariencias engañan,
y yo, ya llevo más de un rato imaginándote.
Y es que qué putada es cuando alguien se lleva tras de sí
los adjetivos que querrías para hablar de tu propia vida.
Y qué culo tan bonito tienes.
El mar que nos tenemos es la mezcla
Si te escuece es que se cura, vida,
y si no te llamo
es para encontrarme,
de una vez por todas,
el umbral del dolor que ya no siento.
miércoles, 7 de mayo de 2014
Sobra lo que falta.
Hace tiempo alguien se puso unos pantalones
seis tallas más grande
y aprendió a quitárselos sin llorar.
Aquí faltan te quieros galopando entre el jadeo y el gemido.
Sobra la duda ante lo que tachan de distinto, de prohibido.
Faltan polvos en los
baños de los bares.
Sobran paredes grises, muros, políticos y bocas llenas de
cinismo.
Falta revolución a gritos.
Sobran imbéciles que juegan al amor
arrastrando sus fracasos por las faldas que se acercan.
Faltan valientes que
nos miren a los ojos sin mirarse a la entrepierna.
Sobran musculitos,
posturitas, tronistas, carroñeros.
Falta cantar desnudos y bailar sin miedo.
Sobran los bises después del adiós.
Faltan labios que se muevan al detalle diciendo
un ‘joder, te estoy echando de menos’.
Sobra hambre, guerras, ricos y engaños.
Falta risa y hacerle cosquillas a todo el daño.
Sobra el egoísmo enmascarado de dolor, de ausencia de sentimiento.
Faltan cojones, ovarios, canciones y bares abiertos.
Ni nos sobran ganas,
ni
nos falta certeza,
vida,
pero hay que seguir luchando,
y ahí,
está la diferencia.
está la diferencia.
martes, 29 de abril de 2014
La del norte.
En plena huída.
Aeropuerto de Bruselas
Me abrió la puerta apartando al perro. Estaba a medio
vestir. Llevaba unas braguitas negras que no terminaban de verse cubiertas por
la amplia camiseta gris de tirantes, que sí dejaba entrever sus diminutos
pechos. Seguro que en mitad de tanta tristeza no habría reparado en la idea de
que yo acababa de entrar, olvidando, así, el sujetador en algún rincón de la
casa. No hizo amago de taparse y yo tampoco me atreví a abrazar aquella desnudez a
la que no me tenía acostumbrado. Ella siempre se decía así en la soledad.
Tenía los ojos
llorosos y el pelo enredado en una trenza a medio hacer. Apenas me había
llamado con lágrimas en la boca hacía una hora, y yo, ya estaba allí, plantado en
aquel pasillo vacío de muebles. Sostenía un porro en una mano y en la otra la
poca cordura que le puede quedar a alguien en estos casos.
Respeté su silencio en el sofá. Así nos entendíamos. Sólo
cuando ella empezó a hablarme de aquel hijo de puta le brindé mi áspera ternura
apartándole el pelo de la cara, como solía hacer mi madre conmigo.
Se sorbía los mocos con la habilidad de una quinceañera
desolada. Negaba con la cabeza constantemente. Aspiraba el humo de la manera
más sensual que os podáis imaginar, y mira que había visto a mujeres fumar.
Estaba guapa hasta en ese estado.
¿Qué cabrón podría dejar pasar a esa mujer?- pensé.
Me lo había preguntado desde que la conocí en mitad de Gran
Vía. Estaba tan perdida con ese acento del norte y aquella enorme maleta
buscando qué sé yo qué en mitad de tanta gente, que me ofrecí a ayudarla.
Buscaba un hotel a media hora de allí, a un hombre que
también andaría a esa distancia. Estaba irremediablemente enamorada cuando subió a mi coche por primera y única vez. Creo que yo también. Y ahora
estaba rota. Rota por ese mismo tío.
Desde esa vez nos habíamos visto cuatro veces, contando con ésta.
Una por casualidad. Las otras dos, por motivos que no me voy a parar a
explicar.
Pero ahí estaba yo, en su casa, sosteniéndole el pelo. Mimando a aquella frágil mujer que había querido ciegamente a algún idiota que
no es capaz de recogerla en un aeropuerto.
Mojándome las manos con las lágrimas de una mujer que nunca se fijaría en un tipo como yo.
Mojándome las manos con las lágrimas de una mujer que nunca se fijaría en un tipo como yo.
lunes, 21 de abril de 2014
En todas partes
El tiempo vendrá a darme la razón,
a quitarme tus silencios
y las bragas con la boca,
vida.
Donde yo veo amor,
otros, ruido.
Amberes, Bélgica.
(Marzo 2014)
Cualquiera que nos oiga
pensará que estamos locos por dejarnos:
tú por mí,
yo por tus vicios.
Cualquiera adivinaría en qué invertimos
el tiempo que no tenemos,
y a ver quién es el tonto
que no nos pide un deseo.
A ver quién no se queda boquiabierto
al vernos pasar fugaces;
de la mano algunas veces,
y de miedos,
casi siempre.
Cualquiera diría que no te quiero al marcharme,
que me orgullo al quedarme,
que no estoy haciendo bien,
que te darás cuenta tarde.
A ver quién nos salva este lunes,
qué coño le digo al martes.
Cualquiera que nos oiga
pensará que estamos locos
por dejarnos de
querer
en todas partes.
-
miércoles, 9 de abril de 2014
un todo en la boca.
Poezie.
Gante, marzo 2014.
Gante, marzo 2014.
desayunar en el bar. una falda corta. un buen poema. un
pésimo poeta. que la deuda sea impar. que te quieran bien antes que mucho. la cerveza mejor tirada de Malasaña. el primer beso. un balcón lleno de flores. quedarse a
vivir en Granada. volver al mar. una ducha fría. los nervios antes tatuarte una
vida. el último sprint. un domingo de otoño. fumar hierba. un café cargado. la
de Quique que ya no me hace llorar. perderse en el campo. octubre. sudar un
portal. follarse al invierno. que suene Sabina. levantarme contigo. que gane el Barsa. cantar en la ducha. y en el coche. y en la cama. un abril devuelto. un
solo de guitarra. llegar a tiempo. hacer otra maleta. la última canción de la Volvo. la luna llena. y vacía. unas pupilas que no mientan. un vermú que se
alarga. el sur del que te hablo. un lunes menos triste. irse lejos. torrijas
todo el año. una copa de vino. que vengas. mancharse los dedos en la calle Navas. recorrerse Gran Vía. un verso escrito en la pared. gritar sintiendo.ver Cuenca temblando. probarse un bikini en enero. bailar lento. que cuides de mis
tobillos. que llueva donde sabes. que sonría un niño. que sea todo por mi
culpa. que me la quites lento.
no sé si me explico.
domingo, 6 de abril de 2014
tres muertes en menos de dos minutos
dice que me quite la pena de los ojos.
que estoy más guapa.
y suavemente,
con sus largos dedos
me retira el flequillo
para mirarme de
frente
¿ves? así mejor.
y veo,
aunque no me siento.
mucho mejor.
no me gusta cuando me observa desde ahí
porque no puedo disimular.
aunque pensándolo bien
tampoco podría hacerlo
de cualquier otra manera.
no me sé aguantar las lágrimas o la risa.
ni siquiera me aguanto.
a mí.
a veces.
está apuntándome con su jodida cámara
y va a disparar.
procuro distraerle.
le preguntó que qué hago contigo.
dispara.
ya sabes que no soy de dar consejos.
y menos a ti.
- lo dice siempre,
como lo de que confía en mí
y sabe que
tomaré la decisión adecuada.-
guardo silencio.
no me atrevo a mirarle.
con esta cara de abismo
ahora
sólo
pienso
en
tirarme.
pero me ve.
y dispara.
pongamos que sí.
un jodido círculo vicioso
en el que salgo
perdiendo.
pero ME HAGO FELIZ.
-suspiro. me deja vivir-
pongamos que no.
me arrepentiría.
me arrepentiría.
¿me
arrepentiría?
guiña un ojo.
dispara.
si no me fallan las cuentas
llevo tres muertes
en menos dos
minutos.
muertes en blanco y negro.
muertes que caen en no.
que caen en miedos.
entonces vuelve a poner la canción.
si la escuchas dos veces suena mejor.
le abrazo.
aparta el arma.
y me abraza.
y vuelve a sonar para dolerte un poco menos.
-
viernes, 4 de abril de 2014
calla, que te dueles.
El día de abril
en que volviste
con mi nombre
en las caderas.
¿y qué haremos al alba,
cuando seamos dos perfectos desconocidos?
yo te lo voy a decir…
pondremos el mantel, tú quédate a mi lado
a comernos al amanecer lo que quieran las manos.
-
lo peor no es cuando nosotros mantenemos la distancia.
lo jodido es cuando nos mantiene así ella.
a nosotros.
que creíamos tener todo.
c-o-n-t-r-o-l-a-d-o.
y ahí no hay quien me
calle.
salvo cuando hablo de mí
porque dices que parece
que me hago daño.
y te duelo.
tú haz lo que yo haría si nos quisiésemos bien.
y entiende que tengo nombre de madrugada
porque es cuando más veces he llorado.
aunque le haya llamado risa a todas las noches.
de insomnio.
en que tú llamas.
entiende, también,
que diga que hay caderas mudas
y otras que no tienen nada que decir,
y esas últimas son, justo, las que se despiertan solas
después de haber gritado toda la noche mi nombre.
mira mi cabezonería llevándome de la mano a otra hostia,
mira que esta pared lleva tu nombre.
mira que esas caderas llevan el mío.
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