lunes, 8 de abril de 2013

A las musas



-A las musas, que me hacen parecer a los ojos del resto una multipolar cualquiera, sin saber que sois tantas, tantos, tintos los que inspiráis soledades. Ojalá todos encontréis vuestro hueco. -

Escribo a lo que no tengo, a las musas que me matan de celos. A los segundos que nos dejan para pensar los semáforos en rojo, a los besos en que deberíamos invertir ese tiempo y a las noches en la parte trasera de un sueño. Escribo, describo y pinto en papeles, servilletas, paredes y cuerpos. Escribo con rabia, a veces, deseo, me mata la pena o llora el silencio. Escribo para no olvidar o tal vez para saber acabar con los buenos recuerdos. Escribo matando vidas, lloviendo suerte o llenándoos de sexo. Escribo porque el insomnio se deja tocar en cada esquina, porque hay canciones que no tienen cojones a hablar de ti y porque nos sobran los motivos (pero explícaselo tú al cielo). Escribo para no pensar en la musa de ojos verdes, que fuma y me ha visto de espaldas al río. Escribo a las calles que no necesitan farolas porque les sobran con la luz de las sonrisas, a las faldas traicioneras y a los que buscan cualquier excusa para llenar una tarde de cervezas. Al de Madrid, que por tanta letra, jamás leerá esto. A los que regalan abrazos y a los que se han enamorado en lo que dura el trayecto del ascensor. A la de los ojos con pestañas al cielo. A la que se ha perdido en Cuenca pintando más de un cielo. Al que fue tan buen amigo, que se alejó a tiempo. A los que corren y no por cobardes, porque le llevan ventaja al tiempo. Al que le gusta mi voz al teléfono y las noches de comernos. A esas parejas con las que me meto. A los que ya no están porque les acojonan dos versos, a los que se mueren de sueños y a los que esperan sin suerte la llamada de alguien, que seguro, es otra puta musa cualquiera. Escribo a los que escriben y cantan, temblando, sinceros. A las dos que me matan de amor. A la que me debe un concierto y me es fiel, por encima del resto. A los del sur, que siempre me guardan un hueco. A los de aquí, que a veces, les quiero y a los que por unas o por otras, están algo lejos. Al que juega a invitarme a chocolate, a unos ojos negros. Escribo porque tras la terapia de choque, siempre te salvan con los abrazos más sinceros. Escribo a los que se rapan al cero, al que grita y al que se para a llorar en el metro. Escribo a la primavera porque se ha follado al invierno. A Abril, porque Octubre le echa de menos. A los que tocan en la calle y se mueren por un techo. Escribo porque admiro al de mi lado, por exceso de vicio o por falta de juicio. Al de Granada, que no le importa la distancia, si sólo nos separan versos. Al que ha sido todo, que sabe es eterno. Escribo porque mi madre lo hacía y a mi padre seguro que también le enamoró. Escribo porque me sobran silencios y me inspiran los aeropuertos. Porque me dan miedo las despedidas, los puntos de sutura y los “cura-sana” sin una sonrisa que escuece que no sea la tuya. Escribo porque el mundo necesita asegurarse de que estoy enamorada, que estoy a punto de saltar o que ando al borde de la soledad. Escribo porque me gusta engañarme, porque los domingos lloran y porque con dos de azúcar no puedo endulzar las lágrimas de resto. Escribo para cambiar realidades y para levantarnos del suelo.

jueves, 4 de abril de 2013

Abril


Abril tienta a re-caer, a enamorarse en cada esquina. Abril alarga los días. Abril te incita a buscar una excusa,  encontrarla y comértela cada vez con menos ropa. Abril guarda secretos y florecen al paso de faldas que comienzan a acortarse, musas que no se cortan y cervezas que si no leen el futuro, hacen más rubio el presente. Abril huele a estar más cerca de la libertad. Abril trae desordenados los apuntes, da tregua al sol los días pares y me suena a la canción que susurrabas justo antes de dormir. Abril pone más guapa a Madrid. Abril no sabe dónde meterse entre paraguas y ganas de quitarte el penúltimo botón. Abril rompe la dieta, suda en mallas y te ve salir con ese moño casi deshecho. Decir que Abril vive, es quedarse corto. Abril sigue matando(o muriendo) de amor. Abril viste de colores las calles, los balcones y quita el blanco y negro de las fotos. Abril grita que te echa de menos, pero que al fin y al cabo, estás de más. Abril no es multipolar, es que a Abril le sobran musas, casi casi como a mí. A veces, te hace verte más guapa, manifiesta que hay esperanza, y tú (y todos), nos lo creemos. Abril pisa con tacones altos. Abril sabe a cuatro. Abril se refleja en los charcos y lanza un beso a Octubre. Abril sube la temperatura a los sueños. Abril nunca se pierde tus ganas de vivir. Abril te espera en segunda fila. Abril huele a Milán con abrazos. Abril trae poesía a los rincones que me dejes escribirte.

Abril es eso y mucho más, contigo o sin ti. Pero Abril es tan fiel, que siempre llega, y no se olvida de traer esperanza para los corazones inertes. Y eso, me hace feliz.

Abril llueve y me hace llover, por eso es tan Abril.



No te olvides, Abril no se roba.

miércoles, 27 de marzo de 2013

montar y desmontar(te)


Ser discreta,

desmontarte en piel y huesos, corazón.
Empezar por saciarme la sed,
terminar contigo,
morirme de ti,
que no es, sino otra manera de vivir(te).
Hacer el amor,
y en cada ola entregar(te) la vida.
Morirnos de ser lo que nadie espera,
vivirnos del saber resucitar con cada berso.

Re-vivirnos.

              Vernos.

                          Irnos.




- y ya acabas de decir que volvamos a empezar-



domingo, 24 de marzo de 2013

A mi Su.


Tres vidas has estado durmiendo en mi cama, leyendo lo que escribo, soñando versos a medida, secándome sudor y lágrimas, aliviando el peso de los días, dejando las penas al sol. Tres vidas, siete años, varias historias sin salida.
Las otras cuatro no tienen fecha, ni luz, ni nombre. Sólo te vestiste de calle y lloraste ausencias. Y llegaste. Y salvaste una vida. 

La mía.

Películas, siestas, confidencias, elecciones que marcan la piel y que supimos salar juntas.

Y ahora te apagas y se apagan ocho vidas. 



Me despierto. El café amarga, no eres tú la que se pasea por mis piernas mientras canto al levantarme. Cuando una mujer con gato tiembla, se tambalean siete vidas. Y duele. Y viceversa. 

Descansa, mi vida. Ten el sueño tan dulce que lleva tu nombre.


 Que ahora, a la vida le sobra sal.

lunes, 18 de marzo de 2013

de música y besos



La canción que necesito no suena en la radio, en el mejor reproductor del mercado, ni siquiera en los garitos que me escondo tras dos copas. No concibo otra música que no sea tu directo. Lo que estoy buscando es tu boca, que me diga que se queda hoy a dormir, un piano de fondo, pero sin coros, por favor, los acordes de tus ojos, el preludio de los besos con que mañana te haré el café. Y dos de azúcar.

Ya te estoy tarareando.

                       Te pido bises.

                                       (y que me beses)



sábado, 16 de marzo de 2013

Beber imposibles


Se me llenaban los ojos de sueños. Dejaba salir imposibles en dosis saladas que bajaban lentamente hasta la comisura del labio. 
Allí me los bebía.



Y le volvía a echar huevos,
para esta vez
lo  grar  los.


domingo, 3 de marzo de 2013

Cerrar(te) historias


Cuando cierras un libro, de esos de los que has tardado un tiempo en leer porque cada frase te incitaba a escribir al margen un trocito de tu historia, se para el tiempo durante el último párrafo, y tú relees, suena a despedida, de esas de las que escuecen, y vuelves a leer, asimilas cada palabra, e incluso antes de terminarlo, levantas la mirada y palpas su grosor, vuelve el olor que ha dejado las noches que te ha acompañado antes de dormir y recuerdas las frases que han marcado ese tiempo de lectura. Continúas, a ratos te eleva al cielo, pero las últimas palabras caen por su propio peso. Y lo cierras, y dejas escapar cuatro lágrimas, ni más ni menos, porque ya se sabe, porque ya se escuece.


Y piensas en lo mucho, ¡qué coño! en lo bonito que se escribe cuando se tiene la más mínima ilusión, porque sabes que al llegar a casa, te va a estar esperando ahí, en formato “léeme” y “déjame que te cubra de buenas noches”.


(A ti, que te ha venido grande la realidad de tu ficción, que has sido musa, y que has sido araña. Ojalá todo el mundo tuviese la oportunidad de sentirse el protagonista de una absurda e inventada historia de dos. Ojalá lo leas.)