Después de los despueses vienen las copas de más. Las feas
no son tan feas cuando permiten que ahogues tus dudas en sus caderas. –Y otra,
camarero-. Verborrea de suicidios, viejas fotos que se cruzan marcando páginas de
amor entre los libros que hoy recoges del salón. Quemas a fuego lento con la
mirada la encimera que os vio arder. Aún se huelen los restos de la cena.
Arrastras los pies junto con la pena, creyéndola desgastar en cada paso.
Cierras la puerta.
Apoyas el vaso.
A lo lejos, tormentas de gritos, desayunos de peleas,
miradas esquivas y piel inerte. Los ojos hacen a su vez de mar para escapar a
ninguna parte, donde no esté ella, donde la vida no escueza, donde aún quede un
hueco, donde abril sea abril y te dé esperanzas.
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