Eso, des-co-no-ci-dos.
Granada, enero 2014.
Eres todo silencio,
un olvido que se revuelve en mi
estómago
cuando el mundo me provoca.
Eres de mí todo lo que no soy
cuando estamos lejos,
un motor que engrana con mi
espalda
casi rozando lo imperfecto.
Un abrazo a tiempo,
temblar de nervios,
llorar por nada
o besar sin miedo.
Eres correrse a la vez hasta
reírnos de la distancia,
hacerle un nudo en la garganta
y dejarla callada hasta el
próximo enero.
Eres, ya te digo, lo que hay que
evitar
cuando solo puedes pisar las
baldosas negras
de camino a casa.
De volver a ti, porque eres eso.
Tienes ojos de haberme visto por
dentro.
Eres toda estación llena de
pasajeros
y un trasiego de maletas
recorriendo ese hueco que deja tu cintura,
cuando te sientas a mirarme
enloquecer.
Y mis manos, mientras, hacen lo
que pueden
para apagar motores en marcha que
ya no deben seguir ardiendo.
Eres hacer feliz a una niña
cuando hablas de caramelos,
o de otro encuentro.
Eres abismo para el suicida,
heroína en cada baño,
la música de un final
y punto y principio.
Eres, quizás, alguien que no se
merece palabras
por invertir en hechos,
y llenarte de ellas no es más que cavarme otra
herida en el pecho.
Y joder, claro que he perdido el norte desde
que tú me llenas el sur.
Eres, por si acaso lo dudabas,
lo menos me conviene,
lo que tanto me apetece,
lo que más me da la gana.

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