miércoles, 5 de febrero de 2014

Eres. Somos. Terminaré siendo.


Eso, des-co-no-ci-dos.





Granada, enero 2014.


Eres todo silencio,
un olvido que se revuelve en mi estómago
cuando el mundo me provoca.
Eres de mí todo lo que no soy cuando estamos lejos,
un motor que engrana con mi espalda
casi rozando lo imperfecto.

Un abrazo a tiempo,
temblar de nervios,
llorar por nada
o besar sin miedo.

Eres correrse a la vez hasta reírnos de la distancia,
hacerle un nudo en la garganta
y dejarla callada hasta el próximo enero.
Eres, ya te digo, lo que hay que evitar
cuando solo puedes pisar las baldosas negras
de camino a casa.
De volver a ti, porque eres eso.

Tienes ojos de haberme visto por dentro.
Eres toda estación llena de pasajeros
y un trasiego de maletas recorriendo ese hueco que deja tu cintura,
cuando te sientas a mirarme enloquecer.
Y mis manos, mientras, hacen lo que pueden
para apagar motores en marcha que ya no deben seguir ardiendo.

Eres hacer feliz a una niña cuando hablas de caramelos,
o de otro encuentro.
Eres abismo para el suicida,
heroína en cada baño,
la música de un final
y punto y principio.

Eres, quizás, alguien que no se merece palabras
por invertir en hechos,
y llenarte de ellas no es más que cavarme otra herida en el pecho.

Y joder, claro que he perdido el norte desde que tú me llenas el sur.

Eres, por si acaso lo dudabas,
lo menos me conviene,
lo que tanto me apetece,
lo que más me da la gana.







No hay comentarios:

Publicar un comentario