Y supongo, que así fue como Campanilla se soltó su apretado moño, que eso sí que le jodía al viento. Cansó de sexo cada uno de sus amaneceres, en los que se dejaba la magia cuando encendían su vida con el chasquido de dos dedos. Arrancó el mar de las pestañas de los tristes para llenarles las pupilas de sueños. Viajó con lo puesto, poniéndose a su gusto de lo que el mundo le brindaba en cada bar. Con la falda más corta, apoyó las manos en la barra y golpeó la sombra del príncipe encantado, que no le traía más que desastres. Nadie le pudo cortar las alas, antes de que eso pudiese suceder, prefería echar a correr. Los polvos, eso sí, siguieron siendo mágicos. Y no se supo nada de ella en “Nunca Jamás”.
Nunca.
Jamás.
sábado, 11 de mayo de 2013
lunes, 6 de mayo de 2013
Después del concierto
Si no fuese porque al llegar me faltaban horas de sueño —que no de besos— te hubiese escrito que las musas han estado rondando por mi cabeza durante estos días. Se subían al escenario y bañaban de rimas a los que estábamos con cervezas de más, con los pies en el cielo. Volaban a medio metro del suelo, manteniendo el equilibrio en una estrecha cuerda que unía versos. La nicotina se me pegaba al pulmón, no sin antes pasar por sus manos para endulzarla, dejándomela en besos, en versos en los labios. En sus ojos ni una nube, el mar eterno. En los míos, la tierra.
Musas que viven lejos, musas de mar, musas con acento catalán.
Lo bonito es cuando una se trae tantos moratones en el cuerpo como besos te ha regalado la primavera de unos ojos, de sus ojos.
domingo, 28 de abril de 2013
Domingos y otras muertes
Despuntabas los domingos con afán,
la última luz de la semana te la servías con hielo,
el vaso ancho, un vino añejo.
Cogías los recuerdos de dos en dos,
aliñándolos con lo fiado,
con sencillez, con descaro
tentabas al lunes desde tus labios.
Luego el fuego y el quemarte soledades
fumando ciento sesenta y ocho horas en verso.
Un guiño a la madrugada que te trae el insomnio,
la falta de besos, el exceso de daños.
Y ya estás listo,
maldiciendo primaveras
cuando el sol roza el piano,
el gato te cede una vida,
alquilas un otoño,
segunda mano.
La pared tatuada de los versos
que lloraste un diez de mayo,
las ruinas que se caen en tu costado.
La vida tan puta en cama de todos,
cobrando cuarenta la hora,
abriéndose de piernas,
rompiendo lazos.
Algo suelto que te alarga un par de tragos,
te vas deshaciendo,
se va apagando.
Es domingo,
pesan los años.
viernes, 26 de abril de 2013
Arrugas en el tiempo
Ya pasó.
No sé cuándo, cómo ni porqué.
Pero pasó.
Como pasan las cosas,
como pasan las musas,
como pasa la vida.
Pasó como un huracán,
desolando versos.
Unas veces lento como
el invierno
y otras sin dejar siquiera pedir el deseo
a las pestañas que se
llevaba consigo.
Pasó como tuvo que
hacerlo,
dejándose los rotos, suturando las heridas.
Con alcohol,
con nicotina.
Pasó de largo, sin mirarme,
como otros tantos.
Pasó entre mis
piernas y me dejé hacer.
Me deshice.
Pasó dejándose la vida en cada beso,
borrando las baldosas de los baños,
empapando de sudor
habitaciones
y mezclando las lágrimas con el mar.
Supo quererme, igual
que yo a él.
A veces, incluso nos llegamos a valorar
como tantas otras
parejas.
Medía mi tristeza,
me encerraba entre papeles
y me daba tinta para verme llorar.
Me enseñó a ver que esa era yo
y que me necesitaba
por encima del resto,
hizo que viese mi ombligo.
Me llevó a otras
ciudades,
enfrió café
hirviendo,
paseó a mi lado mientras me veía romper baldosas
y más de una vez me
recogió del suelo.
Con bolígrafo rojo le tachaba
de mentiroso, de
galán, de caballero.
Fue haciendo y
deshaciendo a mis espaldas,
poniéndome en bandeja
mil pecados,
en carne, en huesos,
en canciones olvidadas.
Él me tachaba de
incrédula,
de inocente, de princesa.
Me dejó lo mejor cada mañana,
me hacía el amor
con olor a tostadas
recién hechas.
A ambos lados del camino
dejó siempre algo
dulce
para no perderme, por
si quería volver
y prometió no dar de comer a las hormigas
malgastando el pan que tanto le había costado.
Puso obstáculos, no era una historia perfecta.
Rompió los cuentos
con final feliz,
que por ahora no estaban escritos para mí.
Me dio de él tanto
como le pedía,
era mi excusa
perfecta para perderme,
para encontrarme en
los bares, en los días.
Hoy se lo debo todo,
porque le sigo
tachando,
porque aún le necesito.
¿ Quién no (te) necesita, tiempo?
lunes, 22 de abril de 2013
Tormentas
Después de los despueses vienen las copas de más. Las feas
no son tan feas cuando permiten que ahogues tus dudas en sus caderas. –Y otra,
camarero-. Verborrea de suicidios, viejas fotos que se cruzan marcando páginas de
amor entre los libros que hoy recoges del salón. Quemas a fuego lento con la
mirada la encimera que os vio arder. Aún se huelen los restos de la cena.
Arrastras los pies junto con la pena, creyéndola desgastar en cada paso.
Cierras la puerta.
Apoyas el vaso.
A lo lejos, tormentas de gritos, desayunos de peleas,
miradas esquivas y piel inerte. Los ojos hacen a su vez de mar para escapar a
ninguna parte, donde no esté ella, donde la vida no escueza, donde aún quede un
hueco, donde abril sea abril y te dé esperanzas.
lunes, 8 de abril de 2013
A las musas
-A las musas, que me hacen parecer a los ojos
del resto una multipolar cualquiera, sin saber que sois tantas, tantos, tintos
los que inspiráis soledades. Ojalá todos encontréis vuestro hueco. -
Escribo a lo que no tengo, a las musas que me
matan de celos. A los segundos que nos dejan para pensar los semáforos en rojo,
a los besos en que deberíamos invertir ese tiempo y a las noches en la parte
trasera de un sueño. Escribo, describo y pinto en papeles, servilletas, paredes
y cuerpos. Escribo con rabia, a veces, deseo, me mata la pena o llora el
silencio. Escribo para no olvidar o tal vez para saber acabar con los buenos
recuerdos. Escribo matando vidas, lloviendo suerte o llenándoos de sexo.
Escribo porque el insomnio se deja tocar en cada esquina, porque hay canciones
que no tienen cojones a hablar de ti y porque nos sobran los motivos (pero
explícaselo tú al cielo). Escribo para no pensar en la musa de ojos verdes, que
fuma y me ha visto de espaldas al río. Escribo a las calles que no necesitan
farolas porque les sobran con la luz de las sonrisas, a las faldas traicioneras
y a los que buscan cualquier excusa para llenar una tarde de cervezas. Al de
Madrid, que por tanta letra, jamás leerá esto. A los que regalan abrazos y a
los que se han enamorado en lo que dura el trayecto del ascensor. A la de los
ojos con pestañas al cielo. A la que se ha perdido en Cuenca pintando más de un
cielo. Al que fue tan buen amigo, que se alejó a tiempo. A los que corren y no
por cobardes, porque le llevan ventaja al tiempo. Al que le gusta mi voz al
teléfono y las noches de comernos. A esas parejas con las que me meto. A los
que ya no están porque les acojonan dos versos, a los que se mueren de sueños y
a los que esperan sin suerte la llamada de alguien, que seguro, es otra puta
musa cualquiera. Escribo a los que escriben y cantan, temblando, sinceros. A
las dos que me matan de amor. A la que me debe un concierto y me es fiel, por
encima del resto. A los del sur, que siempre me guardan un hueco. A los de
aquí, que a veces, les quiero y a los que por unas o por otras, están algo
lejos. Al que juega a invitarme a chocolate, a unos ojos negros. Escribo porque
tras la terapia de choque, siempre te salvan con los abrazos más sinceros.
Escribo a los que se rapan al cero, al que grita y al que se para a llorar en
el metro. Escribo a la primavera porque se ha follado al invierno. A Abril,
porque Octubre le echa de menos. A los que tocan en la calle y se mueren por un
techo. Escribo porque admiro al de mi lado, por exceso de vicio o por falta de
juicio. Al de Granada, que no le importa la distancia, si sólo nos separan
versos. Al que ha sido todo, que sabe es eterno. Escribo porque mi madre lo
hacía y a mi padre seguro que también le enamoró. Escribo porque me sobran
silencios y me inspiran los aeropuertos. Porque me dan miedo las despedidas,
los puntos de sutura y los “cura-sana” sin una sonrisa que escuece que no sea
la tuya. Escribo porque el mundo necesita asegurarse de que estoy enamorada,
que estoy a punto de saltar o que ando al borde de la soledad. Escribo porque
me gusta engañarme, porque los domingos lloran y porque con dos de azúcar no
puedo endulzar las lágrimas de resto. Escribo para cambiar realidades y para
levantarnos del suelo.
jueves, 4 de abril de 2013
Abril
Abril tienta a re-caer, a enamorarse en cada esquina. Abril
alarga los días. Abril te incita a buscar una excusa, encontrarla y comértela cada vez con menos
ropa. Abril guarda secretos y florecen
al paso de faldas que comienzan a acortarse, musas que no se cortan y cervezas
que si no leen el futuro, hacen más rubio el presente. Abril huele a estar más
cerca de la libertad. Abril trae desordenados los apuntes, da tregua al sol los
días pares y me suena a la canción que susurrabas justo antes de dormir. Abril
pone más guapa a Madrid. Abril no sabe dónde meterse entre paraguas y ganas de
quitarte el penúltimo botón. Abril rompe la dieta, suda en mallas y te ve salir
con ese moño casi deshecho. Decir que Abril vive, es quedarse corto. Abril
sigue matando(o muriendo) de amor. Abril viste de colores las calles, los balcones y quita el blanco y negro de las fotos. Abril grita que te echa de menos, pero que al fin y al cabo, estás de más.
Abril no es multipolar, es que a Abril le sobran musas, casi casi como a mí. A veces, te hace verte más guapa, manifiesta que hay
esperanza, y tú (y todos), nos lo creemos. Abril pisa con tacones altos. Abril
sabe a cuatro. Abril se refleja en los charcos y lanza un beso a Octubre. Abril
sube la temperatura a los sueños. Abril nunca se pierde tus ganas de vivir.
Abril te espera en segunda fila. Abril huele a Milán con abrazos. Abril trae
poesía a los rincones que me dejes escribirte.
Abril es eso y mucho más, contigo o sin ti. Pero Abril es tan fiel, que siempre llega, y no se olvida de traer esperanza para los corazones inertes. Y eso, me hace feliz.
Abril llueve y me hace llover, por eso es tan Abril.
No te olvides, Abril no se roba.
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