miércoles, 4 de septiembre de 2013

Cuando eres musa.

‘A veces, él la miraba con los ojos de quien mira a un pájaro que se mueve torpemente por tierra, dando pequeños saltos mientras se prepara para iniciar su vuelo. A algunos, esta forma de vivir les parecía graciosa, ellos ni siquiera habían caído en la cuenta de sus alas.
Pero él no la miraba así, sino más bien con la esperanza y ese pequeño placer de aquellos que creen conocer la esencia de las cosas, seguro de saber que la única razón por la que le cuesta moverse entre nosotros es porque no está hecha para esto, sino para cortar el cielo con sus alas.’

N.



                                                                          
   Cádiz, Septiembre 2013.


Hay días en que las musas no se pasan por mi cama,
entonces, algún loco te convierte en una de ellas,
y no necesitas más que tus propias manos para saber que eres cierta.


Gracias.

viernes, 16 de agosto de 2013

E-tú-acciones.




  Cuenca,Junio 2013.


 A base de despejarme entendiste
que hay incógnitas en el fondo de mis ojos,
que las dudas se despeinan
cuando en torpes movimientos
 se te salen las dos cartas que guardabas en la manga.

Y yo elijo el as de copas,
 que me voy a emborrachar
con el fin de no olvidar
que a tragos largos en tus piernas,
 pesan menos las derrotas.


(Antes de que olvide que una vez lo/te sentí así).

sábado, 10 de agosto de 2013

Amaneceres y desvelos.

Hay amaneceres que se dibujan para verlos desde el coche. Entonces te echas a un lado de la carretera -porque eso sí es un camino, lo nuestro era cielo- apagas el motor y apoyas con fuerza la barbilla en el volante, como esperando una respuesta. La radio no acompaña, a ciertas horas debería haber una programación especial para este tipo de sensaciones. La apagas y cierras con fuerza los ojos. Repasas los penúltimos minutos, las horas, los días e incluso la última semana – y ya caigo en tu error de medir(nos) en tiempo-. 
Es solo un breve repaso, como cuando vas a comprar y sabes que se te olvida algo, no alcanzas a recordarlo y recuerdas el punto exacto donde dejaste la lista de la compra, justo a la entrada de casa, justo al salir de ti. Pagas aun sabiendo que algo echas de menos, es el precio del sentir. Cierras la puerta y rompes a reír, porque llorar duele. Y al parar el coche recuerdas, chocolate. Eso era. Nadie se da la vuelta por volver al pasillo del chocolate, o casi nadie.

Apagas la radio, estás a un lado de la carretera y amanece con trazos suaves, como esperando que seas tú el que venga a pintar con tus manos otro nuevo día.



Lo llaman diez de agosto,

cuando no han amanecido contigo.

domingo, 28 de julio de 2013

Miénteme






Miénteme. 

Hay cientos de maneras de hacerlo.
O de empezar a escribir y no acabar con un 'te estoy echando de menos',
aunque lo sienta, aunque lo siento, pero hoy no puedo.
Hoy solo quiero mentiras de tu boca, 
que vengan piadosas a curarme en la distancia
y no se olviden de jurarme que sobreviviremos a esto,
dejándonos llevar a un mar que aun no vemos.

Vamos,
no me juzgues,
no me jodas,
que te estoy echando de menos.





Domingos, mentiras.

miércoles, 17 de julio de 2013

Puedes, por ser poesía




Puedes ponerte como quieras, pero por favor, no me des la espalda. Puedes decir que nada ha sido como esperabas, o que ya estabas harto de esperar. También puedes, si quieres, desabrochar el nudo que nos une los ombligos, olvidar alimentarnos y dejarme en tu lista de pendientes. Puedes fingir o revolverte contra un hecho. Puedes romperme las manos tras los cuerpos que toqué, atarme a una vida llena de prejuicios, juzgarme con verbos intransigentes o partirme tus canciones sobre el pecho. Puedes dolerte en silencio o claudicar en otras piernas y buscarme de rodillas en cuerpos inertes de versos. Puedes hacer de esto una guerra de palabras y terminar barridos en escombros. Puedes estar ausente y doler como mejor sabes, o puedes rimarme en cobardía con palabras que nos sepan a tristeza. Puedes hacer lo que no hicimos en otras bocas, profanar tu poesía en baratijas de melenas de una noche, poner banderas a las cimas que no vamos a subir o quemarte los dedos en hogueras, contemplando de lejos el espejismo del arder de nuestro incendio.


Puedes, pero no olvides que por ti, un verano se inventó la poesía.

lunes, 15 de julio de 2013

Saltos.

Hay saltos y hostias contra el suelo. O contra la nada, corazones vacíos, amor-no-correspondido que dicen. Son los riesgos que se corren – como el resto de los mortales- cuando saltamos. A veces no llegan a ser acrobacias dignas de merecer un premio, únicamente nos subimos a la azotea, damos un paso en falso y caemos. Como cuando suena esa canción que te hace sonreír involuntariamente y la camarera te mira pensando que eres un jodido trovador, ansioso por captar su atención. Y no, es esa banda sonora que puso ritmo a un momento de tu vida que creías haber olvidado. Y ahora escuece.

Hay saltos desde varios metros de altura, tropiezos o impulsos hacia un cuerpo, que inexplicablemente si terminan en golpe, durante el trayecto quizás se te haya desprovisto de alas. Es más, te han enganchado al móvil, a la emisora de radio que te acompaña durante los kilómetros que os separan o a esa típica comida tailandesa que tanto le gustaba. Consecuencias de colgar el corazón en la puerta.


Son el camino a la perdición de unos ojos, a unas piernas suaves y a una sonrisa que es capaz de curar hasta al más triste, que luego resultas ser tú cuando se os acaban las fuerzas. Y en ese momento no hay gesto que sepa sanar el daño, por mucha magia que quiera guardar entre las comisuras. Ese es el golpe, con cinco letras, como las que una vez llevó su nombre cuando te ponías tonto y era todo cielo.

Y recurres a lo que mejor sabes, aunque tu cuerpo repela esa sensación y los domingos de resaca. Te apoyas en la barra y bañas en sudor a la rubita que se esconde detrás de esa gruesa tabla de madera – porque siempre has sido de tabernas irlandesas, que misteriosamente eran sus favoritas- , y otra copa, porque a esta invita el destino, que es la segunda vez que se burla de ti a tus ‘veintimuchos’. Cuentas los golpes con los dedos de la mano mientras notas que te faltan partes del cuerpo, muebles en casa y libros en la única estantería que había dejado ella para tus cosas en el salón, decorado a “vuestro gusto”.

Son los golpes del amor, el choque de miradas y el descubrir que a ambos os apasiona el cine; o el estallido de tu vaso contra el suelo, después de que dijese que durante las vacaciones, apenas te había echado de menos. Y lo que esto conlleva, cerraduras y pasos de hoja a aquel libro que habíais subrayado juntos.




Y tú te calzas otra armadura, que ya le tocará a un tercer golpe, a otro flechazo, a un amor que no acabe en septiembre desabrocharte la vida con la timidez de una quinceañera. Pero hasta entonces, te armas de valor y vuelves a esa taberna irlandesa, donde alrededor de las tres de la madrugada, mientras la rubia de detrás de la barra te sirve el sexto gin tonic, sonará esa canción. Y correrás al baño, haciéndote creer que nada es verdad y que estás vomitando recuerdos, aunque te sepan a comida tailandesa.

domingo, 14 de julio de 2013

Otras maneras de vernos el mundo






Apenas tengo un par de cosas. 
Y luego, te tengo a ti. 
Tengo calor de recordarte 
y sed de beberme los recuerdos de una copa rota; 
son estas ganas de no mojarme los labios con nada que no sean tus besos.

 Y luego, te tengo a ti, 
que te vienes como si nada, 
como si todo,
 como cuando estás a punto de caer y se para el tiempo, 
y entonces, aparecen tus manos detalladas por algún guionista 
y los espectadores saben de sobra que nos terminaremos comiendo las perdices

 
Te tengo a medias, 
colgado del espejo en tonos azules,
 porque así eres de cielo.
 Te cargo en la yema de los dedos
 y pierdo los modales haciendo todo lo que detesta mi madre en la mesa
 -o en la cama-.

Te tengo en silencio y a gritos, 
a ratos, 
en treguas,
 movimientos que dan vueltas en círculos 
y caminos que pasan por Roma para perderse en tus costillas. 

Tengo la rebeldía de mi mundo entre tus piernas, 
primera fila y entrada libre,
 un cine al que asomarse en tus pupilas.

 Tengo caricias que estallan cuando vuelves 
y abrazos que se mueren por volver. 
Tengo esa cara que nos gusta practicada desde anoche,
 y tú, esa risa pasajera cura-locos que envenena a su paso.
 Y sigues andándome las venas. 

Tengo camas desfloradas 
y margaritas con los pétalos impares, 
empezando por querernos. 

Tengo todo lo que no lleve prisa,
 fuego lento para hacerte de este tiempo mil sonrisas.


Tengo lo que no está escrito.
Tengo sed,
te tengo a ti de esta manera tan mía.