miércoles, 16 de enero de 2013

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Somos de esos, de los que llevamos un corazón tan cinco estrellas que nos vamos enamorando de un buen vermú, del reloj que lleva la de la mesa de al lado, de la última calada de aquel porro compartido, de la cerveza tras el examen, de la buena poesía, de la canción número siete de “nos sobran los motivos” que compartí una vez en un coche, de lo pequeño, de lo que ocultan los lunares y la luna, de una sonrisa al amanecer, de cosquillas sin permiso, de por qué no, encender las farolas de su calle al madrugar para los exámenes, de la tarta de tres chocolates, del olor a tierra mojada llegando a casa a esa hora mientras tarareamos “fly me to the moon” y damos saltos al andar.

Sí, somos nosotros, los que nos enamoramos de todo, los que nos conformamos con nada, los que vivimos cantándole a la vida “la canción de los buenos borrachos” y aquellos que se mueren por verte sonreír a cada instante, seas quien seas, estés donde estés.

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