Lo bonito de las raciones de los besos al por mayor es que
puedes llevarte todos los que te quepan en la boca. Y eso hicimos, nos
besayunamos al despertar como en un buffet libre, de esos en los que llevas una
pulserita y te crees el rey del mundo, no celebrábamos otra cosa que el seguir
vivos, el haber podido disfrutar de esa noche que tanto nos merecíamos; nos
tuvimos en carne, nos tuvimos en sueños. No atendemos a propiedades o
privatización de cuerpos, no admitimos posesión que no sea parcial, en los
ratos de tenernos: el uno al otro, el otro al uno, y el resto de los días,
queriéndonos en libertad y de una manera imperfecta.
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