jueves, 24 de enero de 2013

Desayunos de pulsera y revolcón.


Lo bonito de las raciones de los besos al por mayor es que puedes llevarte todos los que te quepan en la boca. Y eso hicimos, nos besayunamos al despertar como en un buffet libre, de esos en los que llevas una pulserita y te crees el rey del mundo, no celebrábamos otra cosa que el seguir vivos, el haber podido disfrutar de esa noche que tanto nos merecíamos; nos tuvimos en carne, nos tuvimos en sueños. No atendemos a propiedades o privatización de cuerpos, no admitimos posesión que no sea parcial, en los ratos de tenernos: el uno al otro, el otro al uno, y el resto de los días, queriéndonos en libertad y de una manera imperfecta.

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